Javier Urra: “A los menores hay que decirles que no todo se puede transmitir, hay que enfocar la importancia de la privacidad y hay que explicarles los riesgos que vemos”
Javier Urra, es Doctor en Psicología en la especialidad de psicología clínica y psicólogo forense de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia y de los Juzgados de Menores de Madrid. Fue el primer Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid. Recientemente ha publicado el libro “Mi hijo y las nuevas tecnologías”. Por este motivo, la Oficina de Seguridad del Internauta ha aprovechado para entrevistarlo y hablar de menores y de nuevas tecnologías.
En los últimos tiempos se habla mucho de ciberbullying, se publican noticias de casos por toda España y se han empezado a publicar libros y guías sobre el tema, ¿es ciberbullying un fenómeno nuevo o es una evolución de las antiguas peleas de niños en un medio distinto?
El acoso ha existido siempre, pero ahora es más grave. Por dos razones: una, por el acoso en sí, y, dos, por la expansión que se produce de una noticia que atenta contra la intimidad y contra el honor. Es decir, una cosa, es que un chaval acose a otro, lo que ya es grave, y otra cosa es que lo acose y, además, se lo haga saber a todo el mundo, porque entonces todo el mundo hace menoscabo de sus derechos.
¿Qué actitud deben tomar los padres ante fenómenos como este?
Respecto a los padres, lo primero que hay que hacer con el menor es escucharle, decirle que te hable: «te veo muy preocupado, te veo que justo los lunes no te sientes bien, que tienes vómitos, que somatizas…» Y hacerle preguntas abiertas: «¿está pasando algo?, ¿nos quieres contar algo?» Y en el caso de que esté sucediendo algo decirle que vamos a estar completamente a su lado, que no tiene qué sufrir nada, ni sufrir un acoso, que alguien le ridiculice, ni nada.
Segundo, ir al colegio, preguntar al profesor y al tutor si capta algo, nota algo, si está sucediendo algo, comentarle si ve a su hijo triste. … Yo creo que hay que ser muy sensible.
También es importante captar si le dice algo a los compañeros y a los amigos. Nuestro hijo a lo mejor no nos lo va a decir a nosotros, pero lo mismo sí a un amigo, que, sin llegar a desvelar, nos puede decir algo a nosotros. En definitiva, ir acercándonos a la realidad.
¿Y la comunidad escolar?
En relación con la comunidad escolar, es muy sencillo. No se trata tanto de enseñarles que los países tienen que ser justos, que los gobiernos tienen que ser justos, sino que lo tienen que demostrar ellos en el día a día. Que las personas somos distintas, que unos tienen más habilidades, que otros tienen más fuerza, que otros tienen mejor lenguaje … Pero que tenemos que aceptarnos los unos a los otros. Además hay que concienciarles en que, además, el que lo pasa mal requiere apoyo, no desprecio y que se espera de ellos esa valentía.
Y por supuesto hay que concienciarles en que si alguien sabe que está habiendo un chantaje no es de un chivato decirlo, sino de un cobarde callarlo. Hay que romper la barrera del miedo. Lo que sucede se puede resumir en dos cosas. Por una parte, un chico tiene miedo porque a veces el otro es mucho más fuertote y dice «voy a ponerme del lado del agresor, o, por lo menos miro hacia otro lado y, así, no se vuelve en mi contra». Eso es muy típico en los menores y en los no menores. Segundo, es importante que los profesores actúen. No puede ser que haya profesores que miren para otro lado. Yo voy a dar charlas a los colegios, a los institutos y sé quien es el agresor y quien es la víctima antes de sentarme a dar la conferencia. Eso se lo garantizo a cualquiera y no fallo ni una vez. Si eso es tan fácil de saber cómo es que hay profesores que no se dan cuenta. Un profesor tiene que tener authoritas y tiene que tener liderazgo. Ahora, también es cierto que ese chaval le puede rajar las ruedas, sin duda, o que puede venir el padre y ser más energúmeno que el hijo, casi seguro, pero esa es parte de la vocación y del compromiso educativo.
¿Cuál es la mejor forma de prevención?
Educar en la sensibilidad. Esto es como cualquier forma de violencia, hay que educar en el derecho y en el respeto a la víctima, porque siempre estamos con el tratamiento del agresor, que también está muy bien. Hay que ayudar y tratar al violador, al homicida, hay que tratarles para que no reincidan, pero hay que escuchar mucho a la víctima y ponerse en el lugar de que se puede ser una víctima. Hay que imaginarse un chaval de 12 años que está siendo machacado por tres tipos, para el que su vida pierde toda la razón porque su entorno son sus iguales, los que le ridiculizan y no tiene otro entorno al que huir.
Yo he visto en una clase a unas niñas que tenían la consigna de que cuando hablase otra niña, darse la vuelta y no dirigirle jamás la palabra. ¿Eso es una agresión? Sin duda y brutal. Decían, «si no la hacemos nada, es que no la hablamos», es brutal. Es hacerle el vacío, es la nada, llevado al simbolismo más terrible. Eso hay que abordarlo. No puede uno estar dando clase de lengua o de ciencias naturales si está pasando eso. Por qué además ese tipo de despótico lo será luego cuando trabaje en una empresa.
Y ya digo, el violento sin duda tiene problemas y también hay que ganarlo diciendo puede ser un buen compañero pero no desde la fuerza. La fuerza no tiene cabida en esta sociedad y menos en un aula.
¿Cómo educar en el uso de la tecnología?
Lo primero con horarios, lo segundo con criterio de edades. A los seis años no se puede tener un teléfono para controlar dónde está el niño. Además, hay que manejar muy bien que no se caiga en la adicción. La adicción siempre ha sido un riesgo para el ser humano: al trabajo, al sexo, a las drogas, a la vigorexia, a la ludopatía… el ser humano es muy dado a la adicción y, por lo tanto, hay que educar en el autodominio.
Y, desde luego, los niños tienen que estar en la calle, tienen que jugar, tienen que ir a campamentos, tienen que discutir con otros, pero en el contacto. Mi criterio es el “piel con piel”. No se puede estar siempre comunicado y sin embargo en un sentimiento de soledad. No se puede perder la riqueza de los matices en el lenguaje, sobre todo en el lenguaje sentimental y emocional. Yo creo que con esos criterios y educando, que no digo que sea fácil, se puede conseguir, sin duda.
También hay que educar a los niños para que aprendan a resolver los dilemas éticos. Hay que decirles, oye, no todo se puede transmitir y hay que enfocar la importancia de la privacidad, sin duda. La privacidad es esencial en el ser humano. Hay que explicarles los riesgos que vemos: por ejemplo, el que un niño de 13 años se comunique con otro de 14, que a lo mejor no tiene 14 y tiene 54. Hay que educarles en estos temas, igual que les educamos para saber que el verde, el rojo y el amarillo significan cosas distintas para cruzar un semáforo. Luego, una vez que ya lo saben, hay que dejarles a ellos ser responsables, supervisándolos, pero dándoles responsabilidad.
¿Algún consejo para los padres y profesores en estas situaciones?
En vista de que el ciberbullying existe, de que tenemos estas noticias y que a veces salen en los telediarios yo creo que lo que tenemos que hacer , aprovechando una de estas publicaciones, son tres cosas: preguntar a los hijos: «¿tú no serás un agresor?», porque a través de esto se crean agresores; segundo, «¿tú no serás una víctima?», en otro tipo de niños; y «¿tú no serás un cobarde que se pone del lado del agresor, en lugar de del lado de la víctima?»
Toda esta preocupación acerca del ciberbullying apareció a raíz del caso Jokin, en Fuenterrabía, que acabó con la vida del niño. Lo que hay que hacer es estar atentos y sensibilizados, poner en marcha a los profesores, si el profesor no demuestra sensibilidad, poner en marcha al inspector de zona, si el inspector de zona tampoco nos da una solución suficiente, ir al ámbito de protección de la fiscalía de menores.







